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AJEDREZ ROJO: El obispo chocó y bendijo a todos…

Revista Vertical - 23 septiembre, 2020

AJEDREZ ROJO: El obispo chocó y bendijo a todos… Como río de sangre […]

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AJEDREZ ROJO: El obispo chocó y bendijo a todos…

Como río de sangre que viaja a gran velocidad sin cause, se incrementan los delitos y crímenes atroces en Tamaulipas, como sucedió con Pedrito Damián, un bebé de ochos meses a quien su desalmado papá le arrebató la vida en Nuevo Laredo y luego a unos días en Camargo los pobladores sufrieron la guerra entre dos células criminales que midieron fuerzas a punta de bala, en la colonia Gonzaleño Norte, zona donde cayeron tres sicarios abatidos, mientras que en la capital, la imprudencia del obispo Antonio González Sánchez ocasionó un accidente automovilístico y luego huyó… y para puntualizar en Matamoros a Mario Alberto López de 20 años los intentaron asesinar en el Fraccionamiento Los Presidentes.

A sala de urgencia, del Hospital General de Nuevo Laredo, llegó Pablo Eduardo de 31 años de edad, traía entre sus brazos a Pedrito Damián, su hijo, pequeño que se debatía entre la vida y la muerte, por un fuerte golpe en su cabeza:

“Se cayó de la cama doctor”, —Se excusó Pablo Eduardo.

El niño fue atendido con rapidez, pero a los pocos minutos, por la gravedad de sus heridas entró en coma, los médicos que le trataban de salvar la vida descubrieron sangre molida en su piel por golpes, mordidas y demás rastros de violencia en el cuerpo del bello angelito.

Por tal brutalidad, el bebé perdió la batalla contra la muerte. Los médicos inconformes dieron aviso a las autoridades. El médico legista dictaminó que Pedrito Damián tenía señas de violencia y lesiones antiguas.

Con las pruebas suficientes, capturaron a Pablo Eduardo quien confesó su cruel acción; mientras que San Juana, mamá del menor, confesó a las autoridades: “Cada vez que iba a la tienda lo golpeaba”. Pablo fue condenado por violencia familiar y lesiones el 10 de septiembre.

A unos seis días de distancia, en Camargo los lugareños sufrieron la guerra entre dos células criminales quienes sacaron a relucir sus potentes armas de fuego para medir fuerzas a punta de bala, en la colonia Gonzaleño Norte.

Durante el tupidos enfrentamiento tres miembros del crimen organizado perdieron la vida. Un sicario quedó al interior de una camioneta Escape gris, en su rostro se dibujaba el rictus mortuorio, sus manos aún sostenían el potente rifle que le asignaron sus mandos criminales.

A un costado bocabajo, otro hombre que portaba chaleco antibalas terminó abatido con su arma de cargo, parecía que sus rivales los tomaron por sorpresa. A metros de distancia había otro sujeto bocarriba al parecer cayó cuando se ocultaba en la parte trasera de la camioneta para responder al fuego enemigo. Allí los pobladores sufrieron minutos de terror por el estruendo de las armas esas que atraviesan muros, así como techos de lamina para arrebatar vidas inocentes.

A tres horas de distancia, pero en la noche, intentaron asesinar a Mario Alberto López de 20 años en el peligroso Fraccionamiento Los Presidentes a las orillas de Matamoros. El joven llegó junto a su novia al Hospital General con un chorro de sangre que salía del cuello, tras ser apuñalado. Allí fue atendido y se desconoce si presentó la denuncia por intento de homicidio, los hechos quedaron registrados por autoridades, a quienes les dijeron, que el verdugo era el vecino de su novia…

Al siguiente día, -lejos de la violencia, pero cerca de la injusticia-, en la capital tamaulipeca fue detenido el obispo Antonio González Sánchez para que respondiera por un accidente automovilístico, pues tras chocar con un agente de la Policía Investigadora intentó fugarse como todo un criminal abusando de su poder…

Según medios locales, el obispo salió del monasterio Santa Clara, pero, cuando tomó el camino por el libramiento Emilio Portes Gil en su camioneta Honda CRV, impactó a un agente investigador que conducía un auto Nissan.

El hombre de sotana y roquete trató de huir para evitar pagar los daños de su imprudencia, pero fue alcanzado por el oficial en la calle Berriozábal. Allí el obispo subió a otro vehículo y mandó a sus subordinados a dar la cara para reponer por los daños…

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