Director General: Julio Alberto Rubio Pérez

EN LA PASARELA EL GUASÓN CON SU ESTILO GLAMUROSO Y CHOCANTE MIENTRAS QUE GONZALEZ VALDERRAMA LLEVABA RELAMIDO SU PELO NEGRO COMO CUERVO EN CELO…

Julio Alberto Rubio - 29 septiembre, 2021

La tarde estaba perfecta para la pasarela y el escenario montado en el auditorio Mundo Nuevo, donde Mario Alberto López, La Borrega, de extracción morenista por segunda ocasión consecutiva tomaría las riendas de la alcaldía de Matamoros, todo entre el buen humor de los organizadores que como hormigas en tiempo de sol, se desplazaban de un lugar a otro dentro del inmueble asignando espacios para la concurrencia, cuando el reloj marcaba las 18:00 horas del martes 28 de septiembre.

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La tarde estaba perfecta para la pasarela y el escenario montado en el auditorio Mundo Nuevo, donde Mario Alberto López, La Borrega, de extracción morenista por segunda ocasión consecutiva tomaría las riendas de la alcaldía de Matamoros, todo entre el buen humor de los organizadores que como hormigas en tiempo de sol, se desplazaban de un lugar a otro dentro del inmueble asignando espacios para la concurrencia, cuando el reloj marcaba las 18:00 horas del martes 28 de septiembre.

En el lobby del recinto La Borrega se sentía como quinceañera al lado de sus chambelanes invitados; y no era para menos la ocasión estaba espléndida para presumir a sus invitados los aspirantes a la gubernatura, donde la administradora del recinto Ana Laura Llanas siempre atenta a todo detalle.

Antes de llegar al evento oficial, días previos, La Borrega había estado muy al pendiente de la organización. Su secretario particular Mario García Villarreal desgastaba sus dedos en los teléfonos para confirmar y reafirmar la lista de asistentes junto con Perla Valdez la secretaría privada.

En la parte logística Julián Garza y Alejandro Villafáñez, uno secretario Municipal de Desarrollo Económico y el otro futuro síndico segundo, se encargaban escrupulosamente de todo lo que tuviera que ver con los invitados operadores de campo de Morena y también con la organización de los regidores entrantes y salientes.

Con una producción multimedia muy pobre fuera de contexto para la ocasión, pero un estrado sobrio y elegante, así como con la presencia acartonada e impregnada de testosterona de Gloria Molina, -la representante del gobernador panista Francisco García Cabeza de Vaca-  La Borrega, se apoderó del escenario con un discurso corto, contundente, y contradictorio donde el punto de discordia fue el ansiado rescate de la junta de Aguas y Drenaje de Matamoros y a la vez la alabanza y el reconocimiento al jefe del ejecutivo estatal.

Entre la mancha de asistentes estaban los nuevos regidores que iban a protestar por el cargo y otros que repitieron. De parte de los dos bandos había inconformidad pues se dieron detalles por demás miserables en el sentido de que los que recién iban a tomar protesta como las regidoras del sindicato de Susana Prieto: Cristina Cabrera y Minerva Mata, carecieran de recursos económicos tan simples como para comprar en Parisina las mascadas que portarían al cuello que podrían costar unos 150 pesos, pero que por la fingida austeridad que presume el ayuntamiento de Matamoros, Alejandro Villafañez, les dijo que no les darían ni un centavo.

Allí también habían llegado los inconformes regidores salientes, esos que ya no fueron reelectos como Edgar Laurents Mayer y David Bedartes, entre otros, el primero ya sintiéndose fuera de la nómina empezó criticar todo el evento, lleno de fallas por supuesto, y el segundo que se autoapodó “El Regidor del Pueblo”, se fue lamiéndose los bigotes pues estaba insistente en que a su salida del encargo el ayuntamiento lo tenía que premiar con un bono económico.

La cara de felicidad de Iván Puente, líder del PT, desde abajo se veía por demás radiante y no era para menos, pues en el circulo de poder, él y su hija Andrea, repitieron como regidores, en una muestra poderosísima de nepotismo y poder, de una Cuarta Transformación familiar, donde ellos que nunca han trabajado con apego a los principios básicos se hacen llamar “líderes del Partido del Trabajo”, dejando ver una patética ironía convenenciera.

Las luces de los reflectores pegaban a la vez en la frente de la regidora Julia Rosa Favila, que con un escudo de acetato transparente en la cara presumía su mediocridad también salpicada de nepotismo y de baja calidad moral en términos políticos, su figura apretujada forzada a verse juvenil atraía la atención morbosa de sus mismas compañeras de bancada.

Arriba las regidoras Minerva Mata y Cristina Cabrera del sindicato de Susana Prieto se miraban de reojo, ya con cierto recelo de enemistad, porque Minerva al igual que José Manuel Raygoza, quieren servir al pueblo de Matamoros mientras que Cristina se aferra en ser sirvienta de la activista laboral.

En primera fila estaba el obispo de Matamoros Eugenio Lira Rugarcía, su baja estatura pero su gran corazón, lo magnificaba, sobre todo cuando al paso de la concurrencia mayormente políticos encumbrados en busca de la unción para la gubernatura de Tamaulipas se detenían a saludarlo algunos hasta pidiéndole abiertamente “que los conectara directamente con Jesús”.

Con una sonrisa de oreja a oreja Isidro Vargas, diputado local electo y síndico segundo saliente, desprendía dulzura desde el estrado, sus ojos los dirigía hacia la multitud donde él y una mujer muy bonita chocaban con dulzura sus miradas y en la imaginación, en el espacio, flotaba un sutil aroma de azahares.

Al cambio de poder las dos grandes ausentes fueron las regidoras Elvia Vigil esposa de Jorge Rentería y Cristina Jaramillo nuera de la diputada morenista Leticia Sánchez Guillermo. Elvia debió haber ido para entregarle el asiento que ocupó por tres años a su marido Jorge. Ellos van a cumplir 9 años en esta dinámica de “a la una y una”. “Me voy yo viejo y te quedas tu”. Así juegan.  Por lo que respecta a Cristina ella se autodefenestró pues llegó al cargo apuntalada por Leticia, su suegra, pero Leticia, se comportó como gallina que se mete a la cocina y tumba las cacerolas, al menos así ocurrió el 28 de mayo cuando a la vista de todos en ese mismo recinto arriba del estrado le manoteó al alcalde Mario Alberto López, La Borrega cuando hacia uso de la palabra, armando tremendo sainete.

La presencia de la diputada Adriana Lozano, aunque no era necesaria, sirvió para llenar el hueco del desparpajo, porque ella, junto con su hermana Tina, le dieron la vuelta entre besos y abrazos a toda la concurrencia, pero sobre todo a los invitados de alto nivel donde nos la topamos y el reclamo del reportero fue contundente:

“Ay Adriana si estuviera esperanzado a vivir de la comida que me invitaste ya me hubiera muerto de hambre”. El madrazo delante de todos sonó macizo y la legisladora lo amortiguó en su flácido pecho.

Al menos unos 60 reporteros de diferentes medios cubrían el evento. Los mas hacían frente levantando en sus manos los celulares que apenas alcanzaban a tomar la imagen, el caso es que tenían que transmitir en vivo la reseña de renovación del ayuntamiento de Matamoros, aunque nadie los estuviera siguiendo, con que los viera Miguel Garay, el jefe de prensa -que allí estaba coordinando la comunicación- era suficiente para ellos.

Una de las grandes ausentes fue la despampanante Miri Leal encargada de Espacios Público (Parques y Jardines) ave de tempestades y reclamos de alcoba, mujer extremadamente bella a quien la única manera de excluirla del programa para que no se parara por allí ni a quinientos metros a la redonda del evento fue haciendo saber en general de que los directores de área no estaban invitados.

Aunque hubo filtros para entrar al Mundo Nuevo argumentando medidas de higiene por motivos de la peste de ninguna manera se pudo evitar que un grupo de personas del sindicato de Susana Prieto se filtraran y armaran escándalo, sobre todo cuando hacía uso de la palabra la representante del gobernador, Gloria Molina Gamboa mujer de espuela y botín picudo, a quien abuchearon con desprecio.

Una vez que se rompió la formalidad ceremonial cada quien tomó por su lado dentro del recinto; hubo quienes llegaron sin hacer ruido, casi desapercibidos y de la misma manera se retiraron como es el caso del general Juan Manríquez Moreno jefe de la guarnición de la plaza que discreto se negó a hablar con los reporteros sobre los cambios en la comandancia general de la Sedena, argumentando que las preguntas se las hicieran llegar por escrito.

Sin pasar desapercibida la poca tolerancia de los guardias de seguridad de la cónsul general de los Estados Unidos en Matamoros, Yolanda Parra se le echaron encima a Oscar Treviño, uno de los reporteros de esta casa editora solamente porque se atrevió a hacerle algunas preguntas.

Cuando ya todas las autoridades habían bajado del estrado los enviados de Susana Prieto se empezaron a arremolinar preparándose para subir, poco a poco se colocaron junto al pódium y la bandera para las fotos del recuerdo. Cristina Cabrera y Minerva Mata eran las mas solicitadas. Allí andaba entre la bola Jaime Guarneros que fue el primer secretario del sindicato prietista, que amablemente accedió a dar su punto de vista sobre su paso por el reciente movimiento obrero, pero al preguntarle su opinión sobre los periodistas chayoteros y sobre los ahora regidores chayoteros, batallaba para contestar hasta que fue rescatado por uno de sus compañeros para llevárselo y salvarlo.

Para ese momento los que estaban arriba del estrado con sus playeras prietistas gritaban:

“veinte trentaidos, veinte treintaidos  y le echaban porras a Susana, causando desconcierto entre los corrillos de asistentes que habían ido a una ceremonia de cambio de poder que al final sirvió de foro para enaltecer el ego de la que los “lidera”.

En el pasillo central, en frente, tratando de ganar notoriedad Rodolfo González Valderrama, aspirante a la candidatura de Morena para gobernar Tamaulipas, sacaba el pecho y estiraba el pescuezo atrayendo así a los lambiscones del poder que ceremoniosos con el saludo se inclinaban ante él. Su pelo relamido, enaceitado, peinado hacia atrás, relumbraba como plumaje de cuervo en celo. Se movía como una mancha de lastre en el mar, como imán atrayendo limadura de hierro, se sentía protegido y alabado por la prensa local porque la instrucción era darle todo el apoyo por la indiscutible alianza que tiene con el alcalde Mario López, La Borrega.

A unos metros de él Héctor Garza, El Guasón, trataba de hacer menos evidente su estilo glaumuroso y a veces chocante de saludar a las personas, modo que le ha dado dolores de cabeza con sus asesores de prensa e imagen que se empeñan en que cambie la mueca permanente de desdén hacia las personas que le impide empatar con el “infeliciaje”, actitud que lo deja en desventaja de los demás aspirantes a la candidatura de Morena para gobernar Tamaulipas. De todas formas saludar a El Guasón era obligado “porque qué tal si es él el bueno”, comentaba Camilo Pérez Martos, “mientras no sea Adrián Oseguera”, rumiaba en forma repetida, a la vez que señalaba que allí andaba “La Petulia” (en el evento) jefa de prensa del interfecto, de la que se conoce, meses atrás mandó golpear con gente mala a Esteban Paredes, reportero de esta casa editora.

Muy a pesar de que hubo limitación de invitaciones como ejemplo esta el hecho de que ni los miembros del cuerpo edilicio, entrante ni saliente, pudieron asistir con sus amigos ni su familia; a gente de la talla del senador Américo Villarreal Anaya se le invitó, solamente que esta pasarela se le fue de largo debido a que sus tareas legislativas se lo impidieron, pero ante la euforia de los que lo aclaman, esta a unos días de visitar Matamoros.

De esta manera Mario Alberto López Hernández, La Borrega empezará su segundo periodo de gobierno, después de ser reelecto; el uno de octubre de 2021 para concluir el mismo mes pero de 2024.

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