Director General: Julio Alberto Rubio Pérez

LA FISCALÍA DE JUSTICIA LE ECHÓ TIERRA, AL CASO DE LA CARRETERA REYNOSA-MONTERREY, DONDE FALLECIÓ LA AGUERRIDA LICENCIADA CECI CARRANZA, SU TÍA MARICHUY Y 11 MATAMORENSES…

Oscar TreviñoJr. - 19 junio, 2021

Tenía planes María Cecilia Ceci Carranza Quintanilla: festejar el cumpleaños de su sobrinito […]

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Tenía planes María Cecilia Ceci Carranza Quintanilla: festejar el cumpleaños de su sobrinito Erick, una pijamada con su mami y hermanas, confiaba que ahora sí, los médicos del IMSS le hicieran una cirugía en sus rodillas para caminar sin problema, porque meses antes la sacaron del quirófano anestesiada, debido a que el especialista nunca llegó, pero todo se esfumó, como su vida, fue una de las víctimas junto con su tía María de Jesús Marychuy Martínez en la volcadura de la carretera Reynosa-Monterrey.

Detrás de sus grandes ojos negros, de bajo perfil, Ceci Carranza, era una leona como abogada, ni titubeaba para defender a la gente necesitada, una vez internada en el Seguro Social de Matamoros, desde su cama, canalizada con suero, se levantó para ir a la dirección y defender a su vecino enfermo al que le negaban la atención médica, consiguiendo que lo atendieran de inmediato.

Compraba purina para darle de comer a seis perritos abandonados allá por su barrio en la Terán, que con el paso del tiempo en agradecimiento, le lamían su mano, era generosa, una gran parte de sus clientes ni podían abonarle, pero ella sonriendo decía: “usted no se preocupe, Dios provee”.

En su afán de ayudar, Ceci Carranza ocupaba el último lugar, cotizó por más de 30 años consecutivos en el IMSS  y era justo, que ahora que tenía problemas con ambos meniscos de sus rodillas, le recobraran su salud, porque como decía ella: “No pido limosna, coticé y se me debe retribuir”.

El único pánico que sentía la ex publicista del periódico El Bravo de Matamoros, Ceci Carranza, era que saliera publicada en alguna página policíaca y morir dentro de un camión atacado a balazos en la carretera.

Desde la Secundaria, a Ceci le gustó la poesía y la oratoria, el primer poema que admiró fue el de:

“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida/porque nunca me diste ni esperanza fallida/ni trabajos injustos, ni pena inmerecida/porque veo al final de mi rudo camino/que yo fui el arquitecto de mi propio destino/que si extraje las mieles o la hiel de las cosas/fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas”.

Pero poco a poco los maestros la fueron llevando por la oratoria, hasta que pasó a la preparatoria Juan José de la Garza, donde se ganó un apodo que incluso a su familia le gustaba, a Ceci le decían y siempre así será recordada desde aquellos años sin malicia:

La Muchacha Bonita.

Producto de la oratoria, Ceci quería ser abogada, por eso se inscribió en la Facultad de Leyes en Tampico. Desde el primer semestre comenzó a destacar, fue la abanderada, pero por su aprovechamiento era becada.

Pronto se dieron cuenta de su talento, porque ganó el certamen de oratoria estatal, fue a representar a Tamaulipas en el nacional celebrado en Baja California, para obtener el primer lugar, felicitada de mano por el presidente Gustavo Díaz Ordaz. El corazón ni le cabía en el pecho a Ceci Carranza, estaba orgullosa, junto con su mami doña cecilia, sus hermanas y hermano.

El otrora líder Joaquín Hernández Galicia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, buscaba a un licenciado egresado de las facultades de Leyes, libre de compromisos, para que ayudara a la gente humilde, por eso se fijó en la matamorense Ceci Carranza.

Ya como profesionista, Ceci Carranza comenzó a ganar clientes por su manera de defender jurídicamente, hasta logró asegurar contra daños a una flota de 100 barcos camaroneros en Tampico, demostrando que la gente humilde era trabajadora, sencilla, pero también tenían derechos y dignidad.

En Bancomer le ofrecieron una cartera de cobranza, mejores prestaciones y salario, así fue convencida de regresar a Matamoros, tomando en cuenta que extrañaba a su familia, así que como tenía tiempo disponible, mientras la conocían como abogada, tomó empleos temporales.

Pidió la vacante de publicista en el periódico El Bravo y poco a poco se fue haciendo de clientes, hasta llegar a ser una de las mejores comisionistas, generando envidias, pero siempre trabajó duro, era una guerrera en toda la extensión de la palabra. También por su talento vendió publicidad para Televisa Noreste.

En el Seguro Social, cuando iba a consulta, era una bendición para los derechohabientes, porque los defendía, sobre todo a los vulnerable, a los que en sillas de ruedas, los tenían esperando por horas para entregarle algún medicamento, era solución inmediata.

Rápida se metía a la dirección del IMSS demandando la atención, porque la insensibilidad del personal médico la desesperaba y de allí, otra persona le pedía ayuda, repartía tarjetas de presentación para que la llamaran por teléfono si el servicio se lo suspendían para pelear su arreglo.

Cuando este reportero coincidía con Ceci en el periódico El Bravo, compañeros pero ambos con diferentes horarios, sabiendo que le gustaba el poema de En Paz de Amado Nervo le decía las estrofas:

“Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno/¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno”…

Sonreía Ceci y continuaba con la parte del poema:

“Hallé sin duda largas las noches de mis penas/mas no me prometiste tan sólo noches buenas/ y en cambio tuve algunas santamente serenas…

El lunes 14 de junio en la tarde, Ceci se reunió con sus hermanas, comieron juntas como la familia que eran, hasta su sobrinito Erick, que apenas la veía le estiraba sus bracitos y cariñosamente le decía “Tía Maia, Tía Maia” estaban felices.

Una a una Ceci abrazó a sus hermanas, quienes le pidieron que dejara ya por la paz al IMSS y se operara por fuera, que evitara el peligro de la carretera, pero ella siempre insistió: “es un derecho que tengo a la cirugía, les pague muchos años y me tienen que operar, no pido limosna.”

-Tienes que estar aquí el miércoles -16 de junio- cumple 3 años tu sobrinito Erick y debes festejarlo.

-Miren hermanas, les prometo que es la última vez que viajo, se los prometo, será la última vez…

Y es que a Ceci la adoraba su tía Marichuy, siempre le dio muestras de cariño hasta le decía, siempre te voy a acompañar a donde sea, por eso se les veía juntas en las compras del mandado, los trámites bancarios, pagar las facturas de la luz, agua, teléfono.

El 15 de junio a las 01:00 horas salió de Matamoros, el camión Futura No.1167 de la empresa Grupo Estrella Blanca, según el listado con 28 pasajeros, todos ellos derechohabientes del IMSS para recibir atención médica de tercer nivel en Monterrey, Nuevo León, al que abordó Ceci con su tía Marichuy.

Pasadas las 03:00 horas en el tramo de la carretera conocido como El Caracol, el chofer perdió el control del camión y se volcó sobre su lado izquierdo en Reynosa, proyectándose contra el barandal metálico de protección, con el saldo de 12 fallecidos, -dos días después murió otro-, el resto heridos .

Desde la madrugada cuando ocurrió el incidente y se dieron a conocer los primeros nombres de los que viajaban en el Futura, se desconocía el paradero de Ceci Carranza y su tía Marychuy. Mientras unos familiares pedían ayuda por las redes sociales sobre el paradero, otros se desplazaron a Reynosa.

Los familiares de Ceci y Marichuy, fueron engañados sin piedad por las trabajadoras sociales del Hospital General de Reynosa y del Hospital General de Zona 15, sabiendo que se agruparon entre los fallecidos, les preguntaron por todos los datos generales se las personas que buscaban.

Después de horas de trasladarse por lugares diferentes, debido a que por Inbox en las redes sociales, comentaban que los habían visto internados en otras clínicas de Reynosa, los familiares llegaron al Semefo. Allá en Matamoros, doña Cecilia en su silla de ruedas sufría, acompañada por otra de sus hijas.

Consultamos a seis diferentes familiares en los panteones sobre las causas del accidente y comentaron sin aparecer en cámara, un temor fundado, casi con terror:

“Cuando ocurrió la tragedia, fuimos al Semefo de la Fiscalía de Justicia de Reynosa y la Agente del Ministerio Público nos proporcionó un abogado, que era tal vez un defensor de oficio, diciéndonos que del peritaje que hicieron, había ocho agujeros en las llantas de camión Futura, provocados por armas de grueso calibre”.

Los familiares de las víctimas fueron llevados ante los cuerpos embolsados, corrieron el cierre para su identificación pero al ver sus caras hubo desmayos de la impresión, porque había desfigurados, hubo gritos, crisis de llantos… fue un caos.

Un hombre al borde del colapso, identificó los cuerpos de su esposa y su hija del camión con destino a Monterrey, bañado en llanto le preguntaban a Dios: “Señor, por qué lo hiciste”, “cómo voy a cuidar a mis dos criaturitas”, “mi mamá no merecía está muerte”.

Parte de las personas que consultamos, guardan un poco de silencio para aclarar sus ideas y confiaron:

“Nos dijo el abogado, ya saben que fueron aquellos, ya saben cómo son, conocen sus domicilios o los investigaran en las oficinas de los panteones, porque habrá uno que se haga cargo del sepelio, pero si ustedes quieren, pueden presentar denuncias y yo los llevó con la señora Fiscal ¿quieren?”

Con esa presión los familiares desistieron, solo querían a sus seres queridos en Matamoros para darles cristiana sepultura, pero el temor continua porque para recuperar los cuerpos, mostraron identificaciones y aportaron sus datos generales, como lo marca la ley.

Por eso es que en portales de noticias corrió la versión de que el camión Futura con los pasajeros matamorenses, había sido atacado a balazos por civiles armados, el chofer tratando de salvar a todos, aceleró y se impactó volcándose en la carretera.

Apenas estaban en el proceso de entregar los cuerpos de las 12 personas fallecidas de Matamoros, porque días después falleció otra, cuando el 16 de junio, en el boletín de la Fiscalía General de Justicia 153/2021, resolvió el caso en menos de 24 horas, con una cuartilla y media publicaron:

“La Fiscalía General de Justicia del Estado de Tamaulipas informa que, una vez recibido el reporte del accidente de un autobús de pasajeros registrado en el kilómetro 036+100 del Libramiento Reynosa II, la madrugada del pasado 15 de junio, Policías Investigadores y Peritos se presentaron en el lugar para procesar el área, recabar evidencias y realizar las indagatorias correspondientes para determinar la causa y forma en que sucedieron los hechos.

Ni siquiera hubo una declaración oficial del Fiscal en Tamaulipas, Irving Barrios Mujica y el boletín le dio una cachetada a los matamorenses:

“Derivado de los exámenes, peritajes de campo y entrevistas realizadas se sabe que el autobús salió de la ciudad de Matamoros alrededor de la 1:00 a.m. con dirección a Monterrey, y que al filo de las 3:00 a.m. al circular por la citada vialidad, al tomar la curva conocida como El Caracol, el chofer perdió el control de la unidad debido al exceso de velocidad, perdiendo el control por lo que volcó sobre su lado izquierdo”.

El chofer del Futura, originario de Tampico, que también ya fue sepultado, llevaba un listado del total de derechohabientes del IMSS, pero los investigadores ni repararon en ese detalle, ni tampoco los videos de las personas que subieron al autobús y que les tomaron video como rutinariamente lo hacen y así la información de ese boletín asegura:

“En el lugar perdieron la vida ocho personas, cinco de sexo femenino y tres masculinos, en tanto 13 resultaron lesionadas, siendo trasladados a diferentes hospitales, donde recibieron atención médica. De los lesionados, dos se retiraron por su voluntad y el resto permanece recibiendo atención médica.

Aquí es donde se incrementaron las interrogantes:

En Matamos, se sabe que partieron 28 derechohabientes del IMSS ¿dónde están los demás?, cómo dejaron ir por su voluntad a dos pasajeros después de la tragedia en la madrugada, por la carretera sin trasladarlos a lugar seguro, pero en la misma redacción del boletín culpan al chofer del Futura, con los fuertes vientos de cambio:

“Asimismo, de los testimonios y de las investigaciones realizadas no se desprende la participación o intervención de algún otro vehículo o personas ajenas al autobús que pudieran provocar el accidente, lo cual se corrobra de los estudios de criminalística en tránsito terrestre realizada en el sitio”.

Cada derechoabiente del IMSS, para ir de Matamoros a Monterrey por el camión Futura, siempre los tiene que acompañar un adulto, datos que llevaba el chofer y como en este caso 28 personas, mínimo traían mil pesos para gastos de comidas, hospedaje según sea el caso y sin protección viajan por carretera de madrugada, en suma 28 mil pesos, una presa fácil.

El primer cuerpo que llegó a Matamoros, fue el de la pastora Micaela Mica Santamaria Ventura 57 años de edad, que como Ceci Carranza y su tía Marichuy estaban ilocalizables de inicio, fue sepultada en el panteón de Jardines del Recuerdo.

El 16 de junio, mientras los adultos batallaban para hacer el trámite de la devolución de los cuerpos de las víctimas, un niño inocente, Erick, estaba cumpliendo años, ni sabía que había pasado con su Tia Maia que nunca llegó a su casa para abrazarlo y colmarlo de besos. Estaba envuelta en un plástico negro.

El 17 de junio por la noche, llegó el cuerpo de Ceci Carranza, con su tía Marychuy a la Funeraria Escobedo, porque como abogada, años atrás había pagado una póliza por seis servicios fúnebres, pero desde el incidente hasta la fecha, ningún funcionario de la Subdelegación del IMSS en Matamoros, ha ofrecido sus servicios. Nada.

La afligida familia de hermanas, hermano, sobrinos, algunos amigos estuvieron con Ceci. Su mami doña Cecilia, de 89 años de edad, solo reza, apenas habla, su desconsuelo la lleva por dentro, su sonrisa desapareció de su cara: se llevaron un pedazo de su alma.

La mañana del 18 de junio en la Funeraria Escobedo, conversamos con Juany Carranza frente a los ataúdes, en precia de familiares y amigos, que aunque estaba entristecida, se emocionó al hablar de su hermana Ceci:

“Era la tercera de la familia, de cinco hermanas y un hermano, muchas veces representó a Tamaulipas, ganó el concurso de oratoria a nivel nacional, incluso fue saludada por el entonces presidente Díaz Ordaz, era licenciada en derecho, siempre fue abanderada, la adoraba el líder petrolero La Quina”.

Orgullosa juany nos explica, que su hermana Ceci apenas veía una injusticia y se bajaba a pelear, a corregir para ayudar:

“Una vez estaba en el IMSS en la sala de espera, pero una señora le comentaba a tal vez a su esposo, que le estaban negando la consulta y unas medicinas que necesitaba y dijo ahorita vengo”.

Se alejó a toda prisa Ceci Carranza, se encontró al director del IMSS y de inmediato le dijo delante de otros médicos, a la señora que no recuerdo su nombre, que le estaban negando el servicio cuando ya pagó sus cuotas, que tenía derechos, por eso trabajó y nada debían escatimarle, resolvió el problema:

“Delante de todos los que esperaban consulta, le dijo a la señora que lloraba de impotencia, no se mortifique, ahorita la van a atender, tenga mi tarjeta, sino la atienden me llama y a la hora que sea yo vengo y la ayudan porque la ayudan”.

-Señorita no tengo dinero para pagarle como abogada…

-No se preocupe, no le voy a cobrar me molesta lo que le hacen, usted es mi cliente gratis.

Enseguida Juany, nos narró otra anécdota:

“Hace años, a Ceci la iban a operar de un riñón, estaba internada, con suero, su vecino de habitación también enfermo, estaba llorando porque le negaban una cirugía, así que con el dolor, se levantó de la cama, arrastró el aparato del suero, así en bata se fue caminando a la dirección y se aventó otra bronca con el director y logró que al señor se le atendiera. Mi hermana era así -una lágrima brotó-.

-¿Ceci se casó?

-No, es que en 2015 se murió papá Heriberto y Ceci, juró que jamás se casaría, porque se haría cargo de mami y muchas parejas que conocía se divorciaron por situaciones similares, así optó por evitar disgustos:

“Ceci era ganadora, ganó premios, fue a Vancouver, Canadá, La Habana, Cuba, Argentina, España, todos sus trofeos y reconocimientos están en casa de mamá, era su amiga, su confidente, su mundo. Era de las que a todas mis hermanas nos decía, nos vamos de vacaciones con los niños”.

-Pero no tenemos dinero Ceci.

-Ustedes pidan permiso en sus trabajos y nos vamos, pagaba el avión a todos nosotros y nos íbamos a México o así, hasta salía con, conocen Xalapa, ¿no? y nos íbamos todos un fin de semana, era muy generosa.

Enseguida Juany, con un dejó de reproche, recuerda El Bravo de Matamoros:

“Hubo un concurso interno de entre publicistas y reporteros de sociales, el premio era de 50 mil pesos para que el que tuviera mayores ventas en un mes, muchas veces yo le ayudaba a llevar los anuncios a El Bravo, porque el tiempo a veces ni le alcanzaba, bien luchona, guerrera, el caso es que no ganó”.

Tanto a Juany como a Ceci, las conocía José Carretero Balboa, propietario de El Bravo, porque a ambas las vio trabajar y producir muchos dinero para la empresa, pero a su muerte ocuparon el lugar sus hijas Cristina y Nancy, que organizaron el concurso, pero Las Carretero como se les conoce, no querían a Ceci Carranza, porque era claridosa, nunca se guardó nada, así que hicieron trampa:

“Esa trampa le dolió mucho a Ceci, mostró con documentos que había ganado, pero Las Carretero la ignoraron, pero me decía con certeza, Juany te juró que yo vendí más, les gané y es que las cantidades las anotaron en un pizarrón, así que el concurso desapareció.

Entonces Juany, se limpia con sus dedos las tímidas lágrimas que brotaban:

“El lunes 15 de junio comimos todas, quedamos que regresaría del IMSS de Monterrey, porque Erick iba a cumplir años, le preparábamos una fiesta, además que el sábado (19 de junio), así como niñas con hijos y sobrinas, íbamos a hacer una pijamada en casa con mami Cecilia”.

Contiene Juany sus lágrimas y su voz se quiebra:

“Mi hermana Ceci, tomó otra decisión… se fue al cielo y con ella se llevó a mi tía Marychuy, quien siempre le decía, yo te voy a acompañar y hasta el cielo se fue a cuidarla, se fueron juntas…”

Allí en la sala 1 de la funeraria Escobedo, el ataúd blanco de la tía Marychuy resplandecía entre coronas de condolencias y rosas, a su lado el de su sobrina Ceci Carranza, el valor de Matamoros, la campeona de Oratoria a la que admiraban sus familiares y amigos.

En una de las bancas, la jovencita Leslie Anahí González, con ojos entristecidos, escondía su pena y es que desde que nació, Ceci fue su segunda mamá, fue amor a primera vista:

“Si señor, era mi segunda mamá, yo sabía de su fuerte carácter cuando defendía a la gente, la vi, pero era muy servicial con todos nosotros, con mis primitos, con nosotros nunca se enojó, nos consentía nos llevaba al circo, a pasear, tengo muchos recuerdos Bonitos, éramos primero nosotros y luego Ceci, mi mamá”.

-Un día me llevó al periódico El Bravo…

-¿Tú eras, la pequeñita, como de 11 años que la acompañaba?

-Si -sonríe-, es que yo gané el concurso de Periodista por Día…

Le brillan los ojos a Leslie y nos cuenta:

“Estuve en las computadoras, me ayudaron a corregir una columna, nadie me ayudó, lo hice sola, luego fuimos a ver al presidente, era Mario Zolezzi (qepd), me presentó con sus compañeros de trabajo, y Ceci, mi mamá, estaba bien orgullosa, fue muy lindo todo”.

Y le sigue:

“A veces la acompañaba a tienda Chedraui, eran su cliente, porque había una página de ofertas, a Soriana, a veces nos acompañaba mi mamá Juany, editaba en computadoras, muchos recuerdos. Es que mi mamá Ceci me cuidaba, como cuando iba a la prepa”.

Habla Leslie con mucho amor:

“Mi mamá (Juany) estudiaba, así que Ceci mi segunda mamá, me llevaba, me ayudaba a las tareas, se esperaba a que me durmiera allí en casa de mi abuelita, me cumplía mis gustos. La voy a extrañar”.

A las 11:00 horas, el cortejo fúnebre se fue lentamente hacia el panteón Jardín, solo la familia y amigos acompañaron a Ceci Carranza, vulnerables, solos, con el llanto en silencio pero resentidos por lo que pasó, sin saber que a las 16:00 horas, otros compañeros de tragedia serían sepultados allí mismo.

La última vez que vimos con vida a Ceci Carranza fue en Bancomer de la calle 7 y González, fue a principios de mayo, usaba bastón por su malestar en ambas rodillas, así como era, nos dijo que salió resentida del periódico El Bravo, muy desilusionada porque allí dejó parte de su vida:

“Tu sabes cómo soy yo, le dije a la de Recursos Humanos Norma Otero, hasta de que iba a morir, con esas ínfulas, como si fuera la dueña del periódico y dizque asesora de Las Carretero, me quería dar menos de lo que me corresponde por ley, así que le gané ¿pero sabes qué me preocupa?”

-¿Qué?

-Es que me toca cita en el IMSS y voy a Monterrey, la carretera es peligrosa, me da miedo morir en un ataque de los malos cuando vayamos en el camión. También -sonrió-, me da miedo que me publiquen en la policíaca.

-Deja de pensar así, ten confianza, ya tienes 65 años a ti nadie te apantalla, mira, para que te quites esos malos pensamientos, te voy a decir:

Hallé sin duda largas las noches de mis penas/mas no me prometiste tan sólo noches buenas/y en cambio, tuve algunas santamente serenas…

A Ceci se le iluminó su cara, sonrió, brillaron sus grandes ojos negros y continuó:

“Amé, fui amada, el sol acarició mi faz/ ¡Vida, nada me debes!

¡Vida… estamos en paz!

Se despidió Ceci Carranza, mientras decía que tenía planes a futuro, se fue caminando lentamente apoyada en su bastón hacia su coche estacionado en la acera, donde su tía Marychuy, la esperaba.

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