Un pequeño accidente vial, valorado en 300 pesos, y una orden mal dada […]
Un pequeño accidente vial, valorado en 300 pesos, y una orden mal dada por el mando superior de la Policía Preventiva Municipal, obligó a los uniformados a entrar a las instalaciones del Instituto Tecnológico de Matamoros armados con garrotes y macanas lo que derivó en un sangriento enfrentamiento entre policías preventivos y estudiantes.
Los representantes de la ley, fuera de sí, enardecidos llegaron a los salones de clase, a la biblioteca y al edificio administrativo, a punta de tolete y algunos hasta a caballo, querían rescatar una patrulla que minutos antes había sido sustraída por los muchachos; fue así como aquello se convirtió en un sangriento campo de batalla.
Los jóvenes repelieron la agresión; y el resultado de la jornada violenta, de esa tarde del miércoles 5 de abril de 2000, fue fatal: un guardián del orden muerto, hubo 15 detenidos, alumnos y funcionarios, entre ellos el entonces director del Instituto Tecnológico de Matamoros, Nicolás Baca Cisneros, a quien le dejaron la boca sangrando de un puñetazo.
Dos patrullas incendiadas y una contienda que se recrudecía mas por el coraje de los policías preventivos contra estudiantes y maestros del Tecnológico de Matamoros, donde imperaba la cerrazón y ambas partes sostenían tener la razón.
Los uniformados, ante la muerte del policía y el despojo de la patrulla, siempre argumentaron: que ellos eran la parte ofendida; mientras los estudiantes cuestionaban que los policías eran corruptos y abusadores del pueblo y se habían metido al Instituto sin ninguna orden judicial, bajo el argumento que perseguían un delito…
Quien aprobó el operativo fue el entonces presidente municipal Homar Zamorano Ayala militante del PRI, y egresado del instituto Tecnológico de Matamoros donde graduó como licenciado en relaciones industriales, pero nunca le tuvo amor a la institución ni a los maestros que lo edificaron.
Los que propusieron tan sangrienta invasion a la institución fueron: Humberto Zolezzi García, secretario del ayuntamiento de Matamoros y José Ives Soberón Tijerina, que en ese momento se dio a conocer se embriagaban en la playa Bagdad a 32 Kilometros de Matamoros, desde allá dictaron la orden para que los policías, al mando Horacio Sepulveda, un ex carcelero al que fuera de la ley habían nombrado supervisor general de la policía preventiva de Matamoros
En este enfrentamiento, cuyos resultados conmovieron, indignaron y avergüenzan a Matamoros actuaron los siguientes personajes que aún están vigentes:
En primer lugar tenemos a Homar Zamorano Ayala, que es ahora el principal asesor del alcalde morenista de Matamoros, José Alberto Granados Fávila.
Le sigue José Ives Soberón Tijerina, que apenas en el 2015 fue el encargado de conformar el Comité de Evaluación para la Elección del Poder Judicial en el Estado, señalado por permitir el uso de acordeones en la contienda.
Y Humberto Zolezzi García que ha estado activo prestando asesoria continua a gobiernos de todos los partidos políticos debido a su experiencia como subsecretario general del gobierno del estado, en tiempos de Tomas Yarrington.
El enfrentamiento sangriento tuvo su origen a partir de un abuso policíaco cometido un día antes de que la violencia estallara en las instalaciones de la máxima casa de estudios de Matamoros, la noche de ese martes 4 de abril de 2000.
Todo se derivó cuando Carlos Alberto Cruz, estudiante del décimo semestre de Ingeniería Electrónica en el Instituto Tecnológico de Matamoros, fue víctima de los abusos de elementos Transito Local y de la Dirección de Seguridad Pública.
A bordo de su viejo Horizon celeste, Carlos Alberto transitaba por uno de los carriles de baja velocidad de la carretera a Victoria, frente al auditorio Mundo Nuevo, cuando sintió un breve impacto por detrás.
El golpe que que recibió en la parte posterior lo hizo mirar por el espejo retrovisor, y vio como una camioneta Pick Up se había estrellado contra su defensa trasera.
Bajándose de su vehículo, Carlos Alberto se acercó al conductor de la Mazda roja modelo 1990, intentando arreglar el incidente de manera pacífica, sin embargo, Apolonio Pérez Gracia, conductor de la camioneta, reaccionó con prepotencia y confrontación, negándose a aceptar su responsabilidad por los daños.
En el incidente, primero intervino la unidad 011 de la Dirección de Tránsito Local con el agente Ernesto Rosales, pero el joven al notar la parcialidad del perito hacia Apolonio, se identificó como estudiante del Tecnológico para decirles que el abuso no se iba a quedar así.
A pesar de qué la culpa la tenía el de la camioneta que le había pegado por atrás al estudiante, el tránsito favoreció al responsable y entonces le dijo el muchacho que el culpable del choque era él porque venía a exceso de velocidad
La presión se intensificó con la llegada de Antonio Pérez Treviño, supervisor de la Policía Preventiva, quien amenazó directamente a Carlos Alberto, hablándole con malas palabras.
Ante el acoso de policía y tránsito al joven estudiante, no le quedó más que pagar por los supuestos daños al dueño de la camioneta, obligándolo a darle 300 pesos cuando el que realmente sufrió hundimiento por el golpe fue el automovil.
En represalia, porque el estudiante pagó a regañadientes, pues a la camioneta no le había pasado nada, enseguida los agentes se ensañaron con él y se llevaron su vehículo al corralón para que pagara también multa y grúa, mientras que el otro quedaba libre.
Al día siguiente, el miércoles 5, la noticia del incidente se difundió en el Tecnológico entre los compañeros de Carlos Alberto, y al mediodía el descontento se transformó en un sentimiento colectivo rebasándo las paredes de la institución por lo que a las 6:40 de la tarde, un grupo de entre 20 y 25 jovenes salieron decididos a secuestrar la primer patrulla que se les atarvesara en el camino.
Asi fue como los policías José Alfredo Rodríguez Cruz La Pitorra y José Luis Valdez Garza El Huarachon, fueron interceptados por la turva y pasó, lo que otras veces había pasado, a golpes, patadas, jalones y mentadas de madres, los preventivos fueron obligados a descender de la unidad policíaca, que antes de que reaccionaran, la unidad ya estaba siendo introducida al plantel educativo , mientras los preventivos se ponían a salvo echando a correr.
Desde allí se derivó el llamado de alerta para que todas las unidades policíacas, se concentraran en el Instituto Tecnológico de Matamoros pues habia un llamado cinco cinco, es decir, una emergencia.
A las 7 de la tarde, la totalidad de los elementos de la DSP, qué recién terminaban su turno reunidos en el auditorio Mundo Nuevo, recibieron la instrucción de acudir desarmados al lugar a rescatar la patrulla.
Mientras tanto en la calle 2 y Guerrero, en la palapa de Mario Zolezzi, el precandidato a la diputación federal, Simón Iván Villar Martínez sostenía un encuentro con jóvenes priístas; a su diestra Jimmy de la Hoz, presidente de la Sociedad de Alumnos del Instituto Tecnológico de Matamoros, contestó el celular, que a su cintura, timbraba con insistencia.
Sin mayor explicación salió del lugar y abordó su vehículo para retirarse a toda velocidad, para enseguida, llegar a las instalaciones del Tecnológico, por la avenida Lauro Villar que ya se había convertido en un hervidero de patrullas y policías que libraban fuerte enfrentamiento.
Los uniformados, unos desde afuera, lanzaban piedras y rompían vidrios, otros adentro vapuleaban a quien se les atravesaban mientras los estudiantes respondían con igual violencia.
El director del plantel Nicolás Baca Cisneros y sus subdirectores José Valderrama Chaires e Elda García Ruiz, intentaron mediar, pero fueron golpeados, esposados y llevados en patrullas junto con otros 12 estudiantes y maestros.
Entre ellos, los profesores Oscar García Gutiérrez, Jorge Luis Rodríguez, Oscar Garza Guerrero y el oficial de intendencia Felipe Flores Gloria, que se encontraba limpiando los baños cuando fue asaltado y arrinconado por media docena de preventivos, que a patadas y empujones lo subieron a la patrulla.
Del alumnado, fueron detenidos Jimmy de la Hoz, Martín Jorge Juárez, Jorge Alberto Hinojosa, Marco Antonio Martínez Alcantara, Luis Alberto Cepeda, Osvan Barrera y José Valdez.
Cuando emprendían la retirarada, todavía con alguno de los detenidos colgando de las apretadas esposas, los preventivos fueron alcanzados por otra lluvia de piedras, pero fue el policía veterano Manuel Dávila Rodríguez, de 52 años y más de 20 de servicio, quien quedó atrapado en medio del tumulto y fue golpeado hasta morir, pese a no haber participado en las detenciones ni en los enfrentamientos.
Su fallecimiento se debió a traumatismo craneoencefálico y estallamiento de vísceras por los golpes recibidos. Un policía muy querido padre de Santos Davila El Aguila de Acero, que después fue comandante de la corporación.
Ya en Seguridad Pública los policías, al ver la magnitud de aquella sangrienta riña protestaron al valorar la baja de don Manuel contra sus mandos que los habían enviado desarmados al Tecnológico a invadir una institución y pelar por una desvencijada patrulla que adentro fue convertida en chatarra vandalizada por los jóvenes.
El que encabezo la arremetida contra los estudiantes fue Horacio Sepúlveda, supervisor operativo de la DSP, quien había personalmente violó la autonomía de la institución, y unas horasa después pese a su intento de renuncia, los uniformados lo obligaron a mantenerse en su cargo para que pagara por su imprudencia pero quedó impune.
Mientras tanto, José Ives Soberón Tijerina, Secretario de Seguridad Pública, Satisfecho por que recien había puesto a funcionar un nuevo programa dentro de la corporación, denominado “Patrulla Presente” tenía sobrados motivos para festejar y justificar la borrachera, la cual empezó a correrse, desde mediodía, en que ocurrieron los hechos con el Secretario del Ayuntamiento, Humberto Zolezzi García.
Se dijo en la crónica periodística de ese tiempo que el funcionario estaría llegando tal vez apenas al tercer grado de ebriedad, cuando le avisaron del despojo de la patrulla por parte de los estudiantes del Tecnológico y en vez de ordenar retirada a los genízaros ordenó el ataque.
Del susto, a Zolezzi se le cortó la borrachera, no como a Ives que no fue hasta cuando llegó a la reja del Tecnológico, lleno de miedo, todo tembloroso e impactado por el horrendo crimen de don Manuel cuando reaccionó sobre el daño que se le había hecho a la institución pero lo mas grave, la muerte del policía. El funcionario no era capaz de esconder la mirada vidriosa y su vaho impregnado a Soyate.
Si no fuera por que una nueva lluvia de piedras y palos, que estuvo a punto de alcanzarlos, Ives Soberon y Humberto Zolezzi hubieran permanecido en el lugar, sin atinar que hacer, sin saber dar una orden, sin poder resolver la angustiosa situación se retiraron ebriois y asustados.
Ambos funcionarios se portaron como constructores de terror que fueron al lugar de los hechos a supervisar su obra violenta, para retirarse precisamente cuando por la frecuencia policiaca se confirmaba, lo que ya todos sabían: que un policia había muerto en el enfrentamiento.
En cada radio de cada policía, en cada aparato de cada unidad se escuchó el mensaje y aquellos que lo entendieron primero, supieron que una larga e impecable trayectoria policíaca había sido interrumpida, y que su compañero don Manuel Dávila Rodríguez nunca volvería a estar con ellos, habia sido asesinado de una manera por demás injustificable.
Así, los uniformados terminaron por desistir, y poco a poco, en grupos fueron abandonando el área, la avenida Lauro Villar comenzó a despejarse y cuando faltaban cinco minutos para las nueve de la noche, no quedó ni una sola patrulla frente al Instituto Tecnológico de Matamoros.
Los detenidos fueron trasladados a Cereso bajo la custodia de la Policía Ministerial del Estado, quienes empezaron a conducirlos al portón del penal, cuando una turba de uniformados improvisaron una “fila india”, arremetió en su contra a pambazos, golpes, patadas y hasta pellizcones, que no solo alcanzaron a los arrestados, sino también a los policías ministeriales, que con su cuerpo trataban de cubrirlos de la furia uniformada.
Desde ciudad Victoria el gobernador priista del Estado de Tamaulipas, Tomás Yarrington Rubalcaba en ese momento dio la orden de que a todos los líderes estudiantiles, se les remitiera al penal, para que fueran juzgados por la muerte del policía.
Ya dentro del penal, y a salvo de los preventivos, los quince detenidos fueron puestos a disposición de las autoridades carcelarias. Luego de levantarles su ficha, fueron introducidos a los separos, en donde recibieron dos importantes visitas: Mariano Manuel Lara, Notario Público, y la cuarta visitadora de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Norma Nelly Aguilar, quien llegó acompañada del visitador adjunto Héctor León Pérez Guajardo, y dialogó en privado con los prisioneros.
A su salida del Cereso, poco antes de la medianoche, Norma Nelly Aguilar atestiguó que tanto maestros y alumnos del Instituto tecnológico de Matamoros, estaban severamente golpeados y que iba a proceder a apoyarlos para que presentaran sus denuncias correspondientes por lesiones.
A esa misma hora, en la avenida Pedro Cárdenas, José Ives Soberón Tijerina, todavía alcoholizado y tambaleante, enfrentaba los cuestionamientos de los medios de comunicación, rodeado por unos treinta periodistas locales, nacionales e internacionales. Su estado etílico lo delató, sobre todo cuando tropezó con el cable de una cámara y quedó por segundos enredado, sin saber qué hacer.
Cerca de la una de la mañana, Soberón volvió a ser interceptado y, con voz aguardentosa, repitió que los policías no tenían ningún problema, porque ellos eran la parte afectada y que se iba a enjuiciar a los responsables aseveración que fue cumplida a pie de la letra, porque todo el brazo del poder del gobernador Tomas Yarrington había caído sobre los estudiantes.
Pasado el mediodía del jueves 6 de abril, el Ministerio Público decidió liberar a los quince detenidos bajo las reservas de ley, al no encontrar elementos que los inculparan en la quema de patrullas ni en el homicidio del preventivo.
El fiscal aclaró que la muerte de don Manuel Dávila Rodríguez no podía catalogarse como homicidio tumultuario, aunque sí se trató de un hecho violento. También reconoció que varios de los detenidos habían denunciado golpes y maltratos por parte de policías preventivos, sin identificar a sus agresores.
Con la liberación de directivos y estudiantes, la delegación sindical y la sociedad de alumnos pospusieron una marcha de protesta para el lunes 10 de abril, exigiendo la destitución del Secretario de Seguridad Pública Municipal, José Ives Soberón Tijerina, y de Horacio Sepúlveda Acosta, señalado como quien ordenó el operativo sin mandato judicial.
Pero Sepúlveda, aún con varias denuncias por abuso de autoridad y lesiones en su historial, seguía operando dentro de la corporación policiaca.
Y así, entre testimonios, declaraciones y procedimientos legales, se reveló un panorama que llevó a una conclusión: la negligencia y el abuso de poder pueden irrumpir en cualquier espacio de la vida cotidiana, incluso en instituciones educativas.
Los detenidos fueron liberados, las autoridades permanecieron en sus cargos, pero el gobierno rencoroso de Homar Zamorano Ayala, en la alcaldía de Matamoros, y el de Tomás Yarrington Ruvalcaba en la gubernatura de Tamaulipas, tenían preparada una sorpresa.
En agosto de 2000 una vez realizadas las alecciones federales del 2 de julio, la Procuraduria de Justicia de Tamaulipas solicitó orden de aprehencion contra los estudiantes Jimmy de la Hoz, Osvan Barrera y José Valdez a los que de inmedeiato encarcelaron y pasaron siete meses presos, antes de salir en libertad, absueltos al comprobar que ellos no participaron en los hechos.
De esta manera, la violencia que marcó aquel día en el Instituto Tecnológico de Matamoros, quedó registrada para siempre en la historia de la ciudad con una cicatriz profunda e imborrable.
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