Una noche gélida de noviembre en Reynosa, Tamaulipas, que empezó como un concierto […]
Una noche gélida de noviembre en Reynosa, Tamaulipas, que empezó como un concierto más para aquel cantante que se atrevió a plantarse en territorio donde pocos se atrevían, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más oscuros del regional mexicano cuando, a bordo de una Suburban negra atravesada por una ráfaga de disparos y aferrado al dije de un gallo de oro que colgaba de su cuello, Valentín Elizalde, fue desterrado de este plano terrenal aquel 25 de noviembre de 2006, hace ya diecinueve años.
Meses antes de su asesinato, Elizalde firmó un contrato para presentarse en la Feria y Exposición de Reynosa, Tamaulipas, sin imaginar que estaba por firmar la que sería su última presentación.
Fue un espectáculo muy esperado, el palenque abrió sus puertas únicamente para él, una decisión que en su momento pasó inadvertida, pero que hoy sigue alimentando la sensación de que aquel escenario estaba destinado a convertirse en el último. Con el éxito en su punto más alto, videos recientes, letras polémicas, nuevos proyectos y la creciente fama de sus corridos, el Gallo de Oro llegó a Reynosa rodeado de desconfianza y expectativa.
Aunque en reiteradas ocasiones se le advirtió que no debía interpretar la polémica canción A mis enemigos, asistentes de aquel lejano concierto cuentan que no solo decidió abrir el repertorio con ella, sino que incluso la cantó dos veces.
Tras cerrar su presentación a las primeras horas del 25 de noviembre de 2006, Elizalde abandonó el palenque a bordo de una Suburban negra acompañado de su representante Mario Mendoza, su chofer Raymundo Ballesteros y Fausto Tano Elizalde, su primo y compañero inseparable. Minutos después, la camioneta fue interceptada y atacada con armas de alto poder. Los estruendos rompieron el ambiente festivo de la feria y, en cuestión de segundos, la unidad quedó perforada como si fuera de papel. Elizalde fue encontrado recostado en el asiento trasero, aún aferrado a su gallo de oro y a un rosario, una imagen que se quedó grabada en la memoria colectiva como uno de los episodios más duros que ha enfrentado la música regional mexicana.
La tragedia parecía repetir la historia familiar, ya que, desde niño, Valentín había vivido marcada la ausencia de su padre, Everardo El Gallo Elizalde, quien murió en plena cúspide de su carrera artística. Catorce años después, el hijo correría una suerte similar, pero de manera más violenta y pública. Para entonces, Valentín ya se había consolidado como una de las voces más distintivas de la música de banda. Nacido en 1979 en Jitonhueca, Sonora, pero adoptado por Guasave, Sinaloa, el joven cantante había logrado construir una carrera sólida que comenzó con homenajes a su padre y que rápidamente tomó identidad propia con temas que iban de lo romántico a lo bravío, y que lo llevaron a compartir escenario con algunos de los nombres más importantes del género.
La muerte del Gallo de Oro dejó a su público en estado de shock y a la industria en alerta. Su familia, dolida y temerosa, enfrentó el duelo mientras figuras cercanas como sus hermanos Francisco y Jesús buscaban mantener viva la esencia musical de Valentín a través de homenajes y nuevas grabaciones inspiradas en las canciones que él disfrutaba cantar en privado. Su primo Fausto, sobreviviente del ataque, cargó durante mucho tiempo con el trauma y el miedo que le dejó aquella madrugada, un recuerdo que marcó su vida para siempre.
En los meses posteriores, se publicaron temas inéditos y producciones que Valentín había dejado grabadas, entre ellas Lobo Domesticado, cuyo lanzamiento coincidió con el día en que celebraba su santo. A pesar de la tragedia, su música continuó escalando en popularidad y se convirtió en parte esencial del imaginario colectivo de millones de personas.
Hoy, a 19 años de su partida, la figura de Valentín Elizalde no solo permanece viva: se ha convertido en un símbolo del regional mexicano, demostrándolo con sus canciones, las cuales siguen acumulando millones de reproducciones, aparecen en listas de éxitos, fiestas, videos virales y homenajes espontáneos en redes sociales. Nuevas generaciones descubren su voz rasposa, su estilo directo y la fuerza emocional que caracterizaba cada interpretación.
El Gallo de Oro se fue, pero su música continúa sonando como si jamás se hubiera ido. Diecinueve años después, Valentín Elizalde sigue siendo un fenómeno cultural, un ícono popular mexicano y una voz que, lejos de apagarse, se reafirma año con año en el corazón de quienes lo escucharon en vida.
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