Director General: Julio Alberto Rubio Pérez

VIDEO: ¡Salvemos al El Laguito!

Julio Alberto Rubio - 6 febrero, 2020

Una parvada de pelícanos nada tranquilamente mientras sumergen su largo pico en las […]

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Una parvada de pelícanos nada tranquilamente mientras sumergen su largo pico en las aguas del Laguito de Matamoros, estos ovíparos de blanco plumaje, no tienen otra opción para su sobrevivencia, más que flotar y consumir este liquido verdoso, negro y  fétido, lleno de eses fecales y de inmundicias que vierte aquí el Hospital General.

La hediontina se siente con el vientecillo del norte, pero los patos silvestres, aun, así, esperan a que llegue la primavera, para anidar en los huecos de los arboles, porque, el laguito, es su casa, aquí nacieron, y aunque, contaminado por los vertederos indiscriminados de aguas negras, se niegan a abandonar lo que por naturaleza les pertenece.

De los peces ya no hay rastro, no hay mojarra que aguante el amoniaco, ni el ácido muriático, tampoco el excremento, porque en este, su hábitat, hasta las propias tortugas que parecen soportarlo todo, se han muerto, y las que por necesidad se atreven a meterse al agua, tienen que sacar la cabeza constantemente para poder resollar.

El Laguito de Matamoros, tiene dos cuerpos de agua, uno al norte, que da frente a la calle Canales  y otro rumbo al sur, que se conecta por un angosto riachuelo, que queda adentro del parque de diversión, pero de igual forma es lo mismo, ambos vasos lacustres están contaminados con descargas de drenaje.

Los olores nauseabundos que despide el laguito de Matamoros, son parte del rastro que deja la presencia de la muerte, de la muerte del agua, de la muerte de los peces, de la muerte de las tortugas,  la muerte de las garzas, de las gaviotas y de toda la fauna que la naturaleza, aquí, les asignó un lugar.

Mucha vida ya está muerta, y la que vive está contaminada, en agonía, porque el olvido, aunque gota a gota, también mata, también cala y huele a excremento porque no nada más es el agua, también es la infraestructura donde toda una inversión, sus impuestos, los nuestros y los de todos, se fueron por el caño del drenaje, a matar peces, a ensuciar el inmaculado plumaje de los pelícanos con ese fango apestoso, que nadie desasolba, ni por compasión.

Estas hermosas avecillas, estos elegantes señores patos, estas indolentes gaviotas, estos patos silvestres de traje café, o estas pacientes tortugas de concha embarrada de inmundicias, no saben que nosotros los humanos, los ciudadanos correctos, los que decimos defender y proteger el medio ambiente y sus especies, no hacemos nada por su vida, aunque por compasión, para que se diviertan los niños, a veces les aventamos migajas para que coman, pero no hacemos nada mas, para limpiarles su casa.

En el parque el laguito de Matamoros, juegan los niños, se llenan de alegría las familias, pero los animalitos que aquí viven, están muriendo lentamente por la contaminación, sin oxigenadores ni aereadores que le den vida al agua de estos vasos lacustres, los únicos húmedales que nos quedan en el corazón de la ciudad y que están…. Envenenados.

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