Director General: Julio Alberto Rubio Pérez

MARÍA DEL SOCORRO, LA ENFERMERA QUE CONVIRTIÓ SU VOCACIÓN EN UNA VIDA DEDICADA A AYUDAR A LOS DEMÁS…

Agencias - 4 agosto, 2026

María del Socorro, conocida cariñosamente por sus vecinos y personas que la rodean […]

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María del Socorro, conocida cariñosamente por sus vecinos y personas que la rodean como “Coquita”, ha dedicado gran parte de su vida al cuidado de los enfermos y a brindar ayuda a las personas que más lo necesitan, su vocación de servicio comenzó desde que era una niña, cuando a los 12 años realizó su primera obra de caridad al regalarle una silla de ruedas a una persona con discapacidad.

A los 17 años ingresó al Instituto Mexicano del Seguro Social, donde comenzó su trayectoria como enfermera,  durante tres décadas trabajó al servicio de los pacientes, 20 años dentro del hospital y otros 10 como coordinadora de especialistas,  fueron largas jornadas y horas de guardia que enfrentó con entrega, pues asegura que siempre ha amado profundamente su profesión.

Coquita se jubiló el 16 de agosto de 2004 sin embargo, su deseo de ayudar permaneció intacto, después de retirarse del Seguro Social, se integró a las brigadas oftalmológicas de un candidato y posteriormente llegó al Sistema DIF Municipal, donde colaboró durante tres administraciones llevando atención y servicios a distintos sectores de Matamoros.

Tiempo después tuvo que retirarse para cuidar a su esposo, quien quedó postrado en cama, aun así, continuó realizando labores sociales y apoyando a quienes acudían con ella, su brigada más reciente se llevó a cabo en elpenal , donde brindó sus conocimientos y servicios de enfermería a las personas privadas de su  libertad.

Entre los momentos más difíciles de su carrera, recuerda el caso de una niña que se encontraba en terapia intensiva y cuya madre estaba ausente, la menor pedía verla constantemente y, al saber que sus posibilidades de sobrevivir eran mínimas, Coquita decidió tomarla entre sus brazos y darle el cariño que necesitaba.

“Yo sabía que la niña iba a fallecer; pedía a su mamá, entonces la tomé en mis brazos y le hice de mamá; murió pensando que yo era su mamá; ese caso me marcó mucho la vida” relató conmovida.

También recordó que, cuando apenas comenzaba como enfermera, lloró por una paciente, en ese momento, una de sus jefas la tomó de los hombros y le explicó que debía aprender a controlar sus emociones para continuar atendiendo a los demás, pacientes  con el paso de los años comprendió que una enfermera necesita fortaleza, pero también sensibilidad y humanidad.

Aunque ya se encuentra retirada de los hospitales, Coquita continúa ejerciendo su vocación cada día, donde alguien necesita ayuda, ella busca la manera de estar presente, ya sea ofreciendo atención como enfermera, participando en brigadas o realizando una obra de caridad,  para ella, servir a los demás sigue siendo la misión más importante de su vida.

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