Fernando Azcarraga López, Magdalena Peraza “La Traidora” y Jesús “Chucho” Nader ex alcaldes: el primero dos veces por el PRI; la segunda por el PAN y luego PRI-VERDE y el tercero dos veces por el PAN, le dieron continuidad a la transformación de Tampico, Monica Villarreal Anaya alcaldesa morenista, se lo acabó en dos años de gobierno, por ser hermana del Gobernador Américo Villarreal, se esperaba mínimo que ella iba a crecer políticamente, pero entre el hijo Manuel Leal “El Principito”, Daniel Barreda “El Yerno de Oro” y Silvia Santamaría Góngora “Mamá Lucha”, han hecho “garras” el presunto, convirtiendo el Puerto Jaibo en un “Chiquero”.
Antes daba pena cruzar la divisoria a Altamira, ahora es un pronto para salir de Tampico, frenado por los topes, esquivando baches, basura en las principales calles y pestilente a aguas negras, la ciudad se encuentra destruida. Fue lo que le hicieron saber los sobrinos que lo visitaron de Estados Unidos, al ex alcalde Fernando Azcarraga, cuando pasó por ellos al aeropuerto:
“Hace unos días fui al aeropuerto a recoger a unos sobrinos que viven en Estados Unidos, rumbo a casa, al pasar por el paso a desnivel frente a Sam’s (paso inferior Fernando San Pedro), les sorprendieron dos topes que prácticamente nos obligaron a detenernos”.
Así lo narra Fernando Azcarraga, dos veces alcalde de Tampico, periodos distintos (1993–1995 y 2005–2007), en su red Social Facebook:
—No es verdad. ¡Esto no puede ser! —me dijo uno de ellos.
-le dijo el sobrino “gringo” al alcalde-
Al día siguiente volví a verlo y me comentó:
—Tío, Tampico está lleno de topes.
Y alguien que escuchaba la conversación agregó:
—Más los que se acumulen esta semana.
Pero la historia no terminó ahí.
Esa misma noche llegó por carretera uno de mis hermanos. Al día siguiente me comentó que tenía que ir a un taller: durante la noche no vio un tope y una de sus llantas resultó dañada. -(lo que viven todos los tampiqueños)-.
Entonces pensé que detrás de la ocurrencia de unos y del contratiempo del otro había una realidad que valía la pena analizar.
Empieza el análisis del expediente municipal:
“Siempre he sostenido que la seguridad de los tampiqueños es una prioridad fundamental.
“La seguridad vial es parte esencial de esa responsabilidad.
‘Recuerdo que, años atrás, las estadísticas indicaban que en Tampico los accidentes de tránsito cobraban más vidas que los hechos violentos. Desconozco si esa situación continúa.
“Ante esas evidencias, era necesario actuar para proteger la vida de los ciudadanos.
“Como servidor público, me tocó enfrentar este problema. Por ello busqué a gente valiosa y preparada en ingeniería de tránsito.
“Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
“Porque debo reconocer que yo no sabía ni tenía idea de cómo enfrentarlo.
“Para eso estaban los expertos. Se escucharon sus opiniones y se siguieron sus consejos.
“No soy proclive a hablar de logros o esfuerzos del pasado cuando me correspondió participar en ellos. En esta ocasión creo que se justifica mencionarlo por una razón: en esa etapa se logró reducir los accidentes viales y, lo más importante, la pérdida de vidas.
“Lo cuento no para hacer alarde, sino porque esa experiencia me dejó algunas ideas que hoy comparto como ciudadano”.
Fernando Azcarraga, lanza la pregunta:
–¿Por qué hablar de esto ahora?
Porque últimamente manejar por Tampico se ha convertido también en ir descubriendo dónde aparece un nuevo tope.
Hoy es un tema recurrente entre los tampiqueños.
Comparto estas reflexiones con pleno respeto hacia las autoridades de la ciudad y con el único propósito de aportar.
Y desde esa perspectiva quiero hablar de los topes:
“En aquel momento recibí un consejo que me pareció muy claro: antes de llenar las calles de obstáculos, había que fortalecer la presencia y la autoridad de Tránsito.
“Se convocó a jóvenes universitarios; se les seleccionó, preparó y capacitó para convertirlos en agentes viales.
“Se quería que fueran autoridad, pero también que parecieran autoridad.
“Recibieron además acondicionamiento físico y formación permanente. Se les exigía disciplina, excelente presentación y un comportamiento acorde con la responsabilidad que tenían.
“Muy pronto comenzaron a hacerse notar en la ciudad.
“Pero lo importante no eran las motocicletas ni los uniformes. Lo importante era lo que representaban: la presencia de la autoridad en las calles.
“Paralelamente, en esa etapa se retiraron muchos de los topes que había en Tampico. La decisión fue bien recibida por los ciudadanos”.
Porque entendíamos que un tope podía resolver un problema muy particular en un punto determinado, pero no podía convertirse en el instrumento para controlar la velocidad de toda una ciudad.
Un tope no distingue entre quien conduce responsablemente y quien no lo hace.
Obliga a frenar al que respeta el límite de velocidad y al que lo excede.
Detiene al automóvil particular, al transporte público, a la ambulancia, al camión de bomberos y a cualquier vehículo de emergencia.
Además, rompe el ritmo de circulación: obliga a frenar, pasar el obstáculo y volver a acelerar.
Cuando esto se repite una y otra vez, aumentan los tiempos de recorrido, el ruido, el congestionamiento y pueden generarse nuevos riesgos.
La propia normatividad mexicana establece que la colocación de reductores debe determinarse mediante estudios de ingeniería de tránsito que consideren, entre otros factores, la velocidad y los volúmenes de circulación.
Es decir, colocar un tope debe responder a una justificación técnica.
Y menos aún en vías cuya función es precisamente permitir una circulación continua.
Critica al gobierno de Mónica Villarreal:
“Hoy me resulta particularmente difícil entender que tengamos reductores de velocidad incluso en pasos a desnivel.
“Un paso a desnivel se construye para agilizar la circulación. (Como “Distribuidor vial”)”.
—¿Tiene lógica colocar después un obstáculo para detenerla?
Francamente, no le encuentro lógica.
Naturalmente existe un problema real: hay conductores que exceden los límites de velocidad y ponen en riesgo su vida y la de los demás.
Pero la pregunta es cómo.
-Pregunta para la alcaldesa Mónica-:
–¿O con mayor presencia de agentes de tránsito, límites de velocidad adecuados, señalización clara, radares, tecnología, educación vial y, sobre todo, sanciones efectivas para quienes no respeten las reglas?
Se cree que sus parientes ciudadanos americanos le hicieron saber al ex alcalde Fernando Azcarraga lo que escribe sobre la tecnología:
“Hoy la tecnología permite vigilar la velocidad de manera permanente sin necesidad de tener un agente en cada lugar.
“El conductor que excede el límite debe saber que existe una alta probabilidad de ser detectado y sancionado.
“Una multa afecta al infractor.
“Esa diferencia me parece fundamental.
“No propongo que desaparezcan todos los reductores de velocidad.
“Hay lugares donde pueden estar plenamente justificados: frente a una escuela, en determinadas zonas peatonales o donde un estudio de ingeniería de tránsito demuestre su necesidad.
“A mi juicio, no es correcto convertir el tope en una solución automática.
“Si ante cada exceso de velocidad se construye otro tope, quizá se atiende el síntoma, pero no el problema de fondo.
“La prevención debe ser siempre el primer camino.
‘Pero la prevención sin consecuencias tampoco funciona.
“Quien exceda el límite de velocidad debe saber que será detectado y sancionado, pues respetar las normas de tránsito salva vidas.
“No hay que elegir entre seguridad vial y circulación fluida.
“Una ciudad moderna debe ser capaz de tener ambas.
“Tampico necesita calles seguras, pero también avenidas que funcionen, pasos a desnivel que cumplan el propósito para el cual fueron construidos y una autoridad vial con presencia, tecnología y capacidad para hacer respetar las reglas.
“Una ciudad segura no debería necesitar tantos topes para que manejemos como debemos.
“Los topes pueden formar parte de la solución.
“Lo que no deberían ser es la solución”.