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MARGARITA LÓPEZ ESCUCHÓ DE FRENTE CÓMO TORTURARON Y ASESINARON A SU HIJA…

Revista Vertical - 22 septiembre, 2026

La búsqueda de justicia llevó a Margarita López Pérez a sentarse frente a […]

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La búsqueda de justicia llevó a Margarita López Pérez a sentarse frente a uno de los hombres involucrados en el secuestro y asesinato de su hija, Yahaira Guadalupe Bahena López. Para obtener información, ocultó que era su madre y se hizo pasar por funcionaria mientras el sujeto comenzó a narrar lo ocurrido durante el cautiverio de la joven.

Yahaira Guadalupe desapareció el 13 de abril de 2011 en Tlacolula de Matamoros, Oaxaca. Durante varios días permaneció privada de la libertad, fue torturada y finalmente asesinada. Ante la falta de respuestas de las autoridades, Margarita emprendió una investigación por su cuenta hasta conseguir acercarse a quienes conocían lo ocurrido.

Durante la conversación, el hombre habría reconocido que varias personas participaron en los hechos. Cuando le preguntaron cuántos eran, respondió que alrededor de 30 y agregó que a él le gustaba “la chamaca”. Margarita tuvo que contenerse y continuar escuchándolo sin revelar que estaba frente a la madre de la víctima.

El hombre relató que durante el cautiverio le llevó de comer a Yahaira y le preguntó cuál era su platillo favorito. La joven respondió que la milanesa, alimento que posteriormente él mismo le entregó acompañado de un refresco de naranja.

“Le llevé de comer y me dijo que su platillo favorito era la milanesa. Me pidió los cubiertos, los agarró, cortó un pedazo y se lo echó a la boca, pero de aquí no le pasó. Con mucha educación sacó el pedazo, lo puso a un lado y dijo: ‘No tengo hambre, no me pasa la comida’”, habría narrado el sujeto, sin saber que estaba contando los últimos momentos de Yahaira frente a su propia madre.

Yahaira le pidió un cigarro al sujeto. Él se lo entregó y observó cómo la joven intentaba fumar, aunque no sabía hacerlo. y comenzó a imitar la forma en que Yahaira lo había tomado durante su cautiverio. Explicó que la joven no sabía fumar, pero que se encontraba nerviosa y trataba de hacerlo para sobrellevar el miedo.

“Agarraba el cigarro y así le hacía. La chamaquita no sabía fumar, pero estaba nerviosa”, le habría contado. Cada movimiento que reproducía permitía a Margarita reconocer las costumbres de su hija y confirmar que aquel sujeto había estado con ella.

El hombre también repitió las palabras que Yahaira habría pronunciado mientras permanecía retenida: “Ella dijo que era de Morelia, que tenía tres hermanos y que su mamá los había sacado adelante sola; que no tenía padre, pero tenía mucha madre”.

Al escuchar esa frase, Margarita tuvo la certeza de que el relato era verdadero.

“Eran las palabras de mi bebé. Ahí supe que él había participado; supe que no me estaba mintiendo porque eran las palabras de mi hija”, expresó.

Sin interrumpirlo, continuó haciendo preguntas para conocer el lugar donde habían llevado a Yahaira. El individuo le aseguró que caminaron durante varias horas hasta llegar a la parte alta de un cerro, donde prepararon una fosa.

“Le acercaron una hoja y dijo: ‘Mire, aquí está Etla. De aquí caminamos hasta acá, hasta arriba del cerro. Ahí la sepultamos’”, narró Margarita.

El sujeto aseguró que tardaron alrededor de tres horas en hacer el pozo donde colocaron el cuerpo. También sostuvo que Yahaira no debía ser localizada porque existía una orden para desaparecer cualquier rastro de ella.

“Esa niña no tenía que aparecer; eran órdenes de arriba”, habría confesado.

Margarita le exigió que identificara a la persona que dio la instrucción: “¿Quién de arriba? ¿De hasta arriba? ¿Quién? Dime, ¿de quién?”.

El hombre se limitó a responder: “Pues de hasta arriba, oiga, de hasta arriba. No tenía que aparecer porque la mamá ya andaba como perra buscándola”.

Mientras escuchaba aquellas palabras, Margarita sintió deseos de atacarlo, pero comprendió que debía contenerse para obtener toda la información posible.

“Yo quería sacarle los ojos, quería despedazarlo con mis manos, pero lo tenía junto a mí. Yo seguía preguntándole, tragaba saliva y respiraba profundo para que él no viera lo que me estaba lastimando. Él seguía hablando y yo no quería interrumpirlo”, relató.

Para poner a prueba su versión, Margarita le dijo que el cuerpo de la joven ya había sido localizado en un arroyo. El hombre rechazó esa información e insistió en que la habían llevado hasta un cerro, donde tardaron varias horas en sepultarla.

“¿Qué no le estoy diciendo que era un cerro? Todavía duramos tres horas haciendo el pozo para enterrarla ahí”, habría respondido.

El testimonio se volvió todavía más doloroso cuando el individuo reprodujo las últimas preguntas que Yahaira habría realizado durante su cautiverio. La joven, aterrorizada, buscaba saber qué pretendían hacerle.

“La chamaquita me decía: ‘Papi, papi, ¿qué me van a hacer?’”, recordó el sujeto. Explicó que a uno de los hombres le decían “El Papi” y que este trató de engañarla diciéndole que pronto regresaría con su madre.

“Y yo le dije: ‘Nada, amiga, ya te vas a ver con tu mamá, amor’”, habría respondido el agresor, pese a que conocía el destino que le esperaba.

Según el relato compartido por Margarita, el hombre se apartó momentáneamente para fumar marihuana y, cuando regresó, los demás ya habían decapitado a Yahaira. Después describió cómo manipularon la cabeza de la joven y la aventaron entre ellos como si se tratara de una pelota.

“Agarraban la cabeza, le daban un beso en la boca y se la aventaban como si fuera una pelota. El otro también le daba un beso y se la regresaba”, relató Margarita entre lágrimas.

A pesar del impacto que le provocó escuchar esos detalles, la madre continuó interrogándolo porque necesitaba saber dónde habían dejado todas las partes del cuerpo.

“Yo tenía que preguntar: ‘¿La cabeza dónde quedó?’”.

El individuo respondió que permanecía “ahí, en el mismo lugar”, y agregó que en la fosa también había sido sepultada otra persona. Esta información coincidía con las circunstancias en las que posteriormente se localizaron los restos, junto con el cuerpo de un joven que, de acuerdo con lo señalado durante la conversación, sería hijo de un empresario de Oaxaca.

Margarita soportó el relato completo sin revelar su identidad. Su objetivo era reunir datos para encontrar a Yahaira, conocer quiénes participaron y llegar hasta la persona que habría ordenado el crimen.

Tras recuperar a su hija, convirtió su dolor en una lucha por las personas desaparecidas y fundó el colectivo Buscando Cuerpos, desde donde ha acompañado a otras familias y denunciado las irregularidades cometidas por las instituciones encargadas de investigar el caso.

También ha acusado públicamente que personas involucradas en el secuestro y asesinato de Yahaira fueron liberadas, por lo que continúa exigiendo que se investigue a todos los participantes, incluidos quienes habrían dado la orden “desde arriba”.

A más de una década del crimen, Margarita López sostiene que su lucha no terminará hasta que cada persona responsable enfrente la justicia y se esclarezca por qué su hija fue secuestrada, torturada, asesinada y sepultada clandestinamente.

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