La espiral ascendente en la relación bilateral entre la República Federativa de Brasil y los Estados Unidos de América, se encuentra en un marco de ámbito político electoral sin precedente en los más de doscientos años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Lejos están los días cuando Estados Unidos en 1824 se convirtió en el segundo país en reconocer la independencia del ahora coloso sudamericano que como consecuencia llevó a que en 1825 Condy Raguet, fuera designado como el primer diplomático norteamericano en Brasil; en este contexto histórico Brasil por su parte fue la única nación sudaméricana que envió tropas a luchar junto a los aliados en las dos conflagraciones mundiales.
Los desencuentros ideológicos entre los presidentes Donald Trump y Luiz Ignacio Lula da Silva han sido frecuentes y reiterativos, en múltiples ocasiones Lula ha manifestado públicamente que su homólogo yankee fue electo para ser presidente de Estados Unidos y no emperador del mundo, de tal forma que en sus encuentros en diversos foros internacionales parecen estar marcados por más desencuentros que puntos de coincidencia.
Entre los diversos factores que han llevado a estos momentos de crisis diplomática está inicialmente la estrecha alianza ideológica existente entre los derechistas Donald Trump y el expresidente Jair Messias Bolsonaro, quienes son amigos y aliados y, cuya agenda tiene como prioridad América First en el contexto de la Alianza de las Américas, adicionalmente se suma la imposición de aranceles comerciales de un 37.5 % a los productos de exportación brasileños.
La negación de vistos diplomáticos a funcionarios del Departamento de Estado que pretendían calificar el próximo proceso electoral por parte de Itamaraty y, el supuesto retraso de “mala fe” de otorgar el beneplácito al recién designado embajador norteamericano Danny Pérez, lo que provocó que como medida de reciprocidad –según argumenta Washington– se le retire su Visa diplomática a la embajadora de Brasil María Luiza Viotti.
Como resultado, hoy por hoy se vive el peor momento en la larga historia diplomática de estas naciones, situación que se mantendrá al menos hasta que concluyan los procesos electorales de Brasil programados para el mes de octubre próximo y el de noviembre 3, que corresponde a las elecciones intermedias en la Unión Americana.