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“SEMBRARON ARMAS Y AMENAZARON CON MATARNOS”: HIJA DE BARRAGÁN RECUERDA LA HISTORIA DEL “QUINAZO”…

Por: | Publicado el: 15 octubre, 2026 a las 1:32 pm

La memoria del “Quinazo” vuelve a través del testimonio de Mary Loren Barragán, hija de Salvador “Chava” Barragán Camacho, quien denuncia presunto saqueo, siembra de armas y amenazas contra su familia durante el operativo del 10 de enero de 1989, cuando el gobierno de Carlos Salinas de Gortari desmanteló la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

El recuerdo adquiere una dimensión familiar este 14 de octubre de 2026, cuando se cumplen 94 años del nacimiento de Barragán Camacho, entonces secretario general del sindicato y hombre cercano a Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, quien ejercía como líder moral y principal figura de poder del gremio petrolero.

En una publicación difundida en Facebook y compartida por su hermana Ana Ma Barragán Macías, Mary Loren rechaza que su padre hubiera huido con un automóvil cargado de dinero y armas.

Asegura que aquella mañana tenía una cita con Fidel Velázquez en la Confederación de Trabajadores de México y que salió temprano para pasar primero con el dentista, porque se le había caído un empaste.

Mientras su padre estaba fuera, relata, en la casa de Ciudad Satélite permanecían su madre Lorenza Macias y unas señoras que organizaban obras humanitarias, una prima, una amiga y ella, quien entonces tenía 18 años, cuando militares y agentes irrumpieron en el domicilio en una operación que describe como un ataque contra la familia.

Paralelamente, en la colonia Unidad Nacional de Ciudad Madero, Tamaulipas, el Ejército participaba en la captura de Joaquín Hernández Galicia mediante una incursión recordada por el “bazucazo”.

Sin embargo, su hijo Joaquín Hernández Correa precisó posteriormente que se trató de una granada de demolición que impactó por equivocación en la casa de su hermana Carmen, contigua a la vivienda donde residía “La Quina”.

Ambos dirigentes fueron detenidos el 10 de enero de 1989: Hernández Galicia en Ciudad Madero y Barragán Camacho horas después en la Ciudad de México.

Con ello quedaron fuera de la conducción sindical tanto el líder moral como el secretario general del gremio.

Mary Loren sostiene que durante la incursión en su hogar hubo disparos y presunto saqueo de joyas, regalos y bebidas de la cava.

Además, acusa que los rifles atribuidos a su padre fueron introducidos en su automóvil por los propios militares para fabricar el delito de acopio de armas.

Según su testimonio, Barragán Camacho se enteró de lo ocurrido por el teléfono de su vehículo y ordenó que nadie respondiera al fuego para proteger a su familia.

Posteriormente, afirma, se entregó porque lo amenazaron con matar a su esposa y a ella si no lo hacía.

La acusación de presunta siembra de armas también acompañó el proceso contra “La Quina”, quien fue encarcelado bajo cargos que incluyeron acopio de armamento.

Años después, investigaciones periodísticas señalaron que las armas presentadas como decomisadas habían sido vendidas originalmente a autoridades militares y policiacas mexicanas, documentación que sustentó los cuestionamientos de su defensa sobre el operativo.

El golpe tuvo también un relevo político, pues el 2 de febrero de 1989 Sebastián Guzmán Cabrera quedó al frente de la secretaría general del sindicato, ocupando formalmente el cargo de Barragán Camacho y encabezando la estructura que sustituyó al grupo de “La Quina”.

Se trató de una dirigencia afín al salinismo priista, que permitió al gobierno recuperar el control del gremio petrolero.

Salvador Barragán Camacho murió el 30 de diciembre de 2001 en Ciudad Madero, mientras Joaquín Hernández Galicia falleció el 11 de noviembre de 2013 en Tampico, después de haber recuperado su libertad en 1997, durante el gobierno de Ernesto Zedillo.

Más allá de la muerte de ambos dirigentes, Mary Loren reclama que se escuche la versión de quienes vivieron los operativos dentro de sus hogares y se revise el nombre de su padre, al sostener que detrás de la exhibición pública del poder presidencial quedaron familias sometidas al miedo y denuncias de abusos que siguen formando parte de la historia del “Quinazo”.