Sobre la calle Sexta, a la altura de Plaza Fiesta, un artista callejero encontró en unos cuantos pedazos de alambre una forma de ganarse la vida, tanto que se emocionó cuando se le preguntó cuánto costaban los pequeños alacranes que él mismo elaboraba, y no dudó en decir que le diera lo que uno quisiera por ellos.
Con cada pieza entre las manos, permanece en la vía pública esperando que alguien se detenga, se interese por su trabajo y decida llevarse alguno. No parece tener un precio fijo, quizá porque lo importante para él no es cuánto valga cada figura, sino conseguir unas monedas que le permitan llevar algo a casa.
La escena también refleja una realidad que se vive en Matamoros, donde ante la falta de empleos y oportunidades, muchas personas han tenido que recurrir al trabajo informal para obtener ingresos. Para algunos puede tratarse solamente de un alambre convertido en un pequeño alacrán, pero detrás de cada figura hay tiempo, habilidad y, sobre todo, la necesidad de encontrar una manera de salir adelante.